Yo no soy creyente, pero desde que soy muy pequeño he mamado la Semana Santa, ver dodrante horas nazarenos de una cofradía, pedir caramelos, hacer la mítica bola de cera, guardar estampitas... Todo esto me a hecho que incluso a día de hoy siga emocionándome con el mecer de un palio, el racheo de los pies, las marchas y el silencio sepulcral que rodea una saeta. Estas tradiciones me las han inculcado las mujeres de mi familia, dato curioso, puesto que muchas hermandades no dejaban posesionar a mujeres como nazarenas hasta no hace tanto (En Sevilla, las que más pronto lo hicieron fue al principio de los 2000, mientras que otras no lo han permitido hasta hace diez años). Me siento muy orgulloso de mi pueblo, portamos unas imágenes realmente bonitas, a lo mejor no tenemos los pasos más bonitos, puesto que somos una hermandad humilde, pero nuestra Viernes Santo es único. Es tan único, que los pies de nuestro cristo de la buena muerte tienen cara de m...
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